Acción social05/02/2026

Desde la lógica del amor

"Este relato habla de vulnerabilidad, pero también de amor y vínculos y en este momento es en el que se hizo más patente que nunca, porque en la debilidad Dios nos hace fuertes y lo hizo a través de la familia y la comunidad"

Desde la tranquilidad que da el hacer las cosas desde la lógica del amor y la gratuidad, y en el recogimiento del silencio y la soledad de mi habitación, una vez entregados tus restos mortales al descanso eterno, abro esa ventana efímera que son las redes sociales y no paro de encontrar versos y palabras sobre el pintor que se fue.

Y mientras que tantos adornan y recuerdan tu vida y tu obra con elogios y reconocimiento y lamentan la pérdida del artista, unos pocos lloramos humanamente la persona con la que participamos de momentos sencillos, de sombra y de “te necesito” compartidos. Espacios de rutina familiar disfrutada cuando ya no quedaban colores con los que dibujar lo bello, pero en los que seguía habiendo VIDA y SER para dar y recibir.

Y es que cuando llegaste a nuestro Hogar Santa Clara no lo hiciste con títulos ni pompas, sino con esa sacralidad que tenéis los preferidos de Dios, esos excluidos de todo, a los que tenemos que acompañar en la recuperación de la dignidad arrebatada.

No fuiste fácil. De carácter fuerte e ideas incrustadas, sin rutinas, sin reglas. Acostumbrado a vivir simplemente a tu manera, y con un gran amor propio que a veces utilizabas contra el resto. Creo que sólo buscabas defenderte de cualquiera que pudiera descubrir tu verdad, porque esa, en el fondo, te asustaba.

Como Cáritas, nos limitamos a acompañar tu proceso. Tú siempre fuiste el único protagonista de tu historia. Nuestra misión era hacerte sentir un ser amado, independientemente de lo hecho, simplemente por lo que eras.

Me bastó ofrecerte una disculpa y un abrazo en medio de la discusión y el caos de tu enfado. Un abrazo que yo te regalaba y en el que tú ni siquiera tenías que participar. Y cruzamos una línea sin retorno.

Te costó dejarte querer y aprender que el amor no se compra en ninguna tienda. Te costó expresarte de otra forma que no fuera un regalo o una invitación, porque era esa la forma que tú dominabas y en la que te sentías cómodo. Pero fuiste sintiéndote parte de ese nosotros y hasta lloraste como un niño ante la idea de alejarte de esta “familia que habías encontrado después de tantos años”. Temías volver a experimentar la soledad. Y no lo hiciste, Melchor, porque ya nunca más estuviste solo.

Llegó la enfermedad. Y optaste por calidad frente a cantidad.

Tocó aprender que el cuerpo tiene limitaciones, pero que, si nos dejamos enjugar las heridas, todo es más fácil. Y lo más importante, que todavía existen samaritanos dispuestos a parar, acercarse y hacerse partícipes de la realidad del otro.

Quisiste reconciliarte contigo mismo y lo hiciste a través del perdón y la comunión con Dios, aceptando incluso mediaciones que de siempre te costaron. ¡Qué alegría experimentamos! Tanta que todavía me emociona recordarlo.

Y fuiste poco a poco apagando la llama de tu ilusión y las ganas de vivir.

Y te dejaste sentir cansado. Aunque aún quedaban cosas pendientes y reservaste algunas fuerzas para poder resolverlas.

Celebramos tu último cumpleaños y después nos fuimos al hospital, que sería tu último refugio y el sitio en el que terminarías de experimentar la comunidad y el encuentro.

Tengo que dar las gracias al personal del Puerta de Andalucía que enseguida entendió las necesidades de Melchor y las limitaciones de nuestro Hogar y nos permitió disfrutar de un espacio seguro y confortable para todos. Lo hicieron atentos en todo momento a cada cambio y solícitos a cada llamada de timbre.

Allí dimos un nuevo paso, el fin estaba cerca. Optamos por caminar juntos hasta el final por más difícil que resultara.

Este relato habla de vulnerabilidad, pero también de amor y vínculos y en este momento es en el que se hizo más patente que nunca, porque en la debilidad Dios nos hace fuertes y lo hizo a través de la familia y la comunidad.

Tus compañeros del Hogar, trabajadores, voluntarios y los hermanos de la parroquia de San Félix de Valois no quisimos soltar tu mano ni dejarte solo en ningún momento. Tantos nombres que no quiero nombrar, pero que tú bien conoces. Personas con un compromiso constante y fuerte que hicieron tus últimos días lo más agradables posibles. Un testimonio de servicio y gratuidad.

Cuanto agradecimiento por tu parte y cómo has disfrutado del cariño y los cuidados de todos.

Y en medio de tanta magia nos reservabas el mayor de los espectáculos, el único que quedaba pendiente, el reencuentro con los tuyos y con ello tu propia paz. Por tu parte hiciste a un lado la soberbia y fuiste capaz de pedir perdón. Por parte de ellos, generosidad, entrega y ternura. De nuevo testimonio y esperanza para otros.

Todo estaba cumplido y todo dispuesto para tu partida.

Tu vida ha sido estrepitosa y sin embargo te fuiste tranquilo, sin hacer ruido. Y a los que te quisimos, nos dejaste con mucha paz, la paz que te da la lógica del don.

Descansa en paz, Melchor Mesa.