Acción social22/04/2026

«He sido acogido»: las personas acogidas toman la palabra en el Círculo de Silencio

"¿Somos realmente una sociedad que acoge, protege, promueve e integra?"

Convocado por la Delegación de Migraciones, el Círculo de Silencio se convirtió en un espacio de escucha profunda bajo el lema “He sido acogido ”. Un encuentro que, desde la quietud y el respeto, puso en el centro la dignidad de las personas migrantes a través de sus propias voces y experiencias.

La convocatoria comenzó con un momento de preparación compartida: un tiempo para detener el ritmo cotidiano, dejar atrás el ruido y disponerse a vivir colectivamente una experiencia de escucha consciente. Desde esa actitud, el círculo se abrió como un espacio simbólico donde preguntarse: ¿Somos realmente una sociedad que acoge, protege, promueve e integra?

Inspirado en los cuatro verbos clave señalados por el Papa Francisco -acoger, proteger, promover e integrar-, el acto fue hilando testimonios reales de jóvenes migrantes acompañados por Cáritas, visibilizando procesos de vida marcados por la resiliencia, la esperanza y la búsqueda de dignidad.

Acoger: “Cuando alguien te mira, empiezas a existir”

El primer momento dio voz a Rahaal, quien respondió a la pregunta sobre su llegada a España: «No siempre es fácil llegar. A veces eres invisible. Pero cuando alguien te recibe de verdad, cuando te pregunta cómo estás, algo cambia. Empiezas a sentir que puedes quedarte.» Sus palabras estuvieron acompañadas por sonidos de su tierra de origen, creando un puente emocional entre culturas y experiencias.

Proteger: la Casa de la Luz de Cáritas como refugio y oportunidad

Francis Cruz, responsable del recurso de Cáritas conocido como Casa de la Luz, contextualizó el trabajo que se realiza con jóvenes migrantes de entre 18 y 27 años: «No es solo un techo. Es un espacio de autonomía y exigencia, donde los jóvenes pueden reconstruir su proyecto de vida.» La Casa de la Luz, con capacidad para cinco personas, ofrece acogida residencial, orientación social y acompañamiento personalizado, favoreciendo procesos reales de integración y autonomía. Aboubacar, uno de los jóvenes acogidos, compartió su experiencia: «Aquí aprendí mis derechos, pero también mis responsabilidades. Me sentí protegido, no solo por el lugar, sino por las personas.»

Promover: “Nos ayudan a construir un futuro”

El tercer momento se centró en la promoción personal y social. Fares explicó cómo la formación ha sido clave en su proceso: «No se trata solo de vivir aquí, sino de poder avanzar. Estudiar, aprender un oficio… eso es lo que nos permite salir adelante.» Desde el recurso, se impulsa la formación, la convivencia y el desarrollo de habilidades que faciliten la inserción laboral y social, entendiendo la promoción como un paso imprescindible hacia la autonomía.

Integrar: un abrazo como lenguaje universal

El acto culminó con un gesto colectivo: un abrazo compartido entre participantes, simbolizando la integración como un proceso mutuo, donde todas las personas tienen algo que aportar. Un gesto sencillo que expresó la posibilidad real de construir comunidades acogedoras. El micrófono abierto posterior permitió que otras voces se sumaran, reforzando la idea de que la integración no es un concepto abstracto, sino una experiencia que se construye día a día.

Comunidades acogedoras: un compromiso necesario

Este Círculo de Silencio quiso ser más que un acto simbólico: una llamada a la conciencia colectiva para fomentar comunidades donde la diversidad sea reconocida como riqueza, y donde cada persona pueda ejercer plenamente sus derechos. En un contexto donde aún persisten vulneraciones de derechos humanos, encuentros como este recuerdan que la dignidad no puede quedar en silencio. Y que, a veces, es precisamente el silencio compartido el que permite que las voces más importantes sean escuchadas