Luz en el camino de José Ramón
"Lo despedimos con un deseo profundo: que la vida le siga siendo buena, que la salud le sea generosa, y que la dignidad que construyó siga creciendo".
Llegó José Ramón a España con un horizonte abierto e incierto. Venía de Guinea Ecuatorial, de un lugar donde los sueños a menudo pesan más que las maletas… pero también donde nacen las esperanzas más obstinadas.
Cuando puso el pie en aquel nuevo país, su vida era un tejido frágil: vulnerable en lo social, quebradiza en la salud, sostenida apenas por la necesidad perentoria de no rendirse. Y entonces apareció Cáritas, como una lámpara encendida en mitad de un pasillo oscuro.
En la “Casa de la Luz”, donde vivió dos años, José Ramón encontró algo más que un techo: encontró un abrazo hecho de paciencia, escucha y fe. Allí, cada día era una pequeña victoria, y cada noche un aprendizaje para seguir viviendo.
De la mano firme y humana de Álvaro Montejo y Francis Cruz, responsables del programa, y con el cariño atento de tantos voluntarios, José Ramón fue descubriendo que la dignidad también se aprende cuando alguien te la devuelve con ternura. Ellos caminaron con él paso a paso, sosteniendo su formación, animando su preparación, creyendo en él.
Y así, casi sin ruido, ocurrió un milagro. Un milagro eclesial y social, un milagro tejido con acompañamiento, esfuerzo y gracia. José Ramón se formó en Ingeniería Eléctrica en Jaén. Luchó. Estudió.
Y hoy, su trabajo en la Universidad de Jaén ilumina no solo su futuro, sino también el de quienes ven en él la prueba viviente de que la esperanza, cuando es compartida, prende como un fuego bueno.
El pasado 31 de octubre, dejó el piso que había sido hogar y refugio. Se marchó como un buen compañero, responsable, agradecido, con la mirada de quien ya sabe que puede caminar solo, aunque nunca del todo, porque la luz que le acompañó sigue encendida en él.
Lo despedimos con un deseo profundo: que la vida le siga siendo buena, que la salud le sea generosa, y que la dignidad que construyó siga creciendo.
Porque José Ramón no solo ha recorrido un camino. Ha demostrado que, cuando eres acompañado, puedes renacer.



