El Obispo alienta a los agentes de Cáritas a «ser luz de esperanza» para quienes sufren «situaciones de oscuridad»
Úbeda acoge la jornada de inauguración del curso de Cáritas con un encuentro formativo y de convivencia bajo el lema "Elige amar. Elige comunidad. Elige encontrarnos".
«Elige amar. Elige comunidad. Elige encontrarnos». Este ha sido el lema elegido para la jornada de inauguración oficial del curso en la Diócesis de Jaén, celebrada el sábado 19 de septiembre en Úbeda. Más de un centenar de agentes de Cáritas, procedentes de los equipos parroquiales e interparroquiales, programas y proyectos diocesanos, se han sumado a la cita, organizada por el equipo de Animación en el Territorio, con el apoyo de Cáritas Interparroquial de Úbeda, y que pretendía aunar formación, convivencia y celebración. La Casa de la Iglesia de Úbeda, sede de Cáritas en la ciudad ubetense, fue el punto de encuentro y acogida de la jornada, que comenzó con un desayuno compartido.
El Obispo de Jaén y presidente de Cáritas Diocesana de Jaén, Don Sebastián Chico, fue el encargado de inaugurar la jornada. En su intervención de bienvenida subrayó que los agentes de Cáritas son luz. «Sois luz en momentos de oscuridad para tantas personas que atraviesan situaciones de dolor, de incertidumbre, de soledad, de dificultades económicas, de falta de oportunidades», enumeró el prelado. Por eso, comenzó dándoles las gracias «por estar, por no pasar de largo como tanta gente en este momento de nuestro mundo y de nuestra sociedad. «Gracias por abrir una puerta cuando alguien llama, por sentaros a escuchar historias que muchas veces son difíciles. Por seguir ahí cuando las soluciones no son fáciles ni inmediatas», continuó.
En la misma línea, hizo referencia al Plan de Pastoral diocesano, que este curso recuerda las palabras de Jesús: «Vosotros sois la luz del mundo». «Probablemente no haya un lugar donde estas palabras puedan hacerse tan concretas y elocuentes como en Cáritas, entre vosotros, voluntarios y miembros de Cáritas, que dedicáis vuestro tiempo y esfuerzo a aquellos que necesitan de esa luz. Porque la luz de Cáritas sois vosotros y tiene el rostro de quien acoge, que quien escucha, de quien acompaña, de quien busca una solución», prosiguió el Obispo.
Hizo hincapié que, en este Año Jubilar dedicado a San Juan de la Cruz, cobra un significado especial el «ser luz». «San Juan de la Cruz fue un hombre que aprendió a buscar la luz precisamente en medio de la noche, de esa noche oscura del alma, donde estaba totalmente seguro de que estaba Cristo, estaba la luz. Vosotros conocéis las noches de muchas personas. No solo las conocéis, sino que os hacéis parte del sufrimiento que viven los que van a vosotros», manifestó Don Sebastián Chico. «Tenéis una gran misión como voluntarios, como acompañantes. No consiste en entrar en esas noches, sino en colaborar en que las atraviesen. Estáis llamados a ayudar a que vuelva a aparecer la luz en sus vidas, a que resurja la luz de Cristo, luz de esperanza, la luz de la vida con mayúscula», añadió.
En sus palabras al voluntariado se detuvo en tres ideas: mirar, no acostumbrarnos y acompañar. Sobre la primera, el Obispo apuntó que la primera tarea del voluntariado es algo tan sencillo y tan profundamente cristiano como «mirar desde la fraternidad a la persona». «Como a un hijo de Dios, mirarla como a un hermano, a los ojos, escuchar su historia, reconocerla como tal, hacerle sentir que importa. Quizá sea uno de los grandes servicios que la Iglesia puede prestar hoy en a nuestra sociedad», defendió. En según lugar, les instó a no acostumbrarse al dolor y al sufrimiento, a convertir en rutina aquello que un día conmovió. «No podemos permitir que nuestros años atendiendo a participantes o usuarios nos quiten la capacidad de conmovernos, porque definitivamente no acostumbrarse al dolor significa también no resignarse ante él», señaló el prelado. En la misma línea, abundó en que Cáritas debe ayudar a la Iglesia y a la sociedad «a mirar las causas del sufrimiento humano y ser una voz profética en medio de nuestra tierra». «Aquí conecta directamente con el tema que este año nos propone el Plan Pastoral: misión y presencia pública», apostilló Don Sebastián Chico.
Finalmente, como tercera idea, animó a los agentes a «ser luz que acompaña». «Nuestro acompañamiento no soluciona de golpe la situación de la persona o la familia a la que acompañamos, pero sí enciende una luz de esperanza, como esa primera luz del amanecer que apenas disipa las sombras, pero que lleva esperanza a la vida», explicó. Por ello defendió hacer algo que tiene «un valor inmenso»: «Hacer visible el rostro de Cristo en el rostro de quien sufre, pero también hacer visible el rostro de Cristo a través de vuestra presencia y de vuestro estar».
Por todo ello, el Obispo deseó que el encuentro de Cáritas en Úbeda, en este Año Jubilar de San Juan de la Cruz, «ayude a entrar en las noches de nuestro mundo sin miedo, con la certeza de que ninguna noche tiene la última palabra que siempre Cristo precede nuestros pasos con la luz verdadera». Concluyó su intervención dando las gracias por la labor realizada y encomendado el trabajo en el ámbito de la caridad a la Santísima Virgen de la Cabeza. «Que ella nos ayuda para que verdaderamente el amor siempre sea lo primero que triunfe y reine en nuestra tierra jiennense», deseó Don Sebastián Chico.
Presencia pública del cristiano
La jornada inaugural del curso de Cáritas prosiguió con la charla «Presencia pública del cristiano en la sociedad», a cargo del Vicario general y Vicario de Evangelización, D. Juan Ignacio Damas. Según contextualizó, el cuarto año del Plan Pastoral está dedicado a la misión y la presencia pública de los cristianos en la sociedad, con el lema «Vosotros sois la luz del mundo». Según subrayó, cada miembro del pueblo de Dios «está llamado a convertirse en discípulo misionero». «La conversión pastoral y misionera de la Iglesia implica el protagonismo de cada uno de los creyentes en la evangelización. La fe nos lleva al compromiso con la realidad que queremos transformar. No se trata de hablar el Señor, sino de hacer que el Señor a través de mí, de mi familia, de mi Iglesia, de mi comunidad, se haga presente», apuntó. También señaló que en los últimos años se ha crecido en la acción intraeclesial, es decir, lo que se hace para dentro de la Iglesia, y ahora es el momento de crecer hacia fuera, de cara a la sociedad, con una presencia significativa.
Damas incidió en que, si de verdad somos discípulos misioneros, necesariamente nos convertimos en promotores del bien común. «A un cristiano no se le conoce porque reza mucho, sino porque ama mucho. Porque su vida es coherente con lo que cree», opinó, por lo que los cristianos deberían perder el miedo a tener «una presencia significativa en la sociedad y a dar un testimonio vivo con los valores del Evangelio». En la misma línea, defendió que los cristianos tienen que formar parte conscientemente de la sociedad e impulsar procesos que ayuden a discernir las actitudes que las personas tienen que tomar ante cuestiones muy concretas. «Tenemos una palabra que decir y eso también nos corresponde», apostilló para añadir: «No solamente formamos parte de la estructura, sino que transformamos estructuras, hacemos procesos para ello. Tenemos que reaprender a estar en la esfera pública».
Juan Ignacio Damas hizo hincapié en la necesidad de conocer la realidad de nuestro mundo. «Tengo que conocer cuál es la oscuridad del mundo para poder poner la luz del Evangelio», compartió. Entre las características actuales de la sociedad, puso el acento es aspectos como las injusticias, el individualismo, el peso de los populismos y de la polarización, una marcada influencia digital, uno de los mayores movimientos migratorios de la historia contemporánea, el cambio climático y la preocupación por el cuidado de la casa común y el abandono del mundo rural.
Ante la pregunta sobre cómo deben estar los cristianos en la vida pública, defendió una presencia desde la pluralidad y la laicidad positiva, con diálogo y con capacidad de escucha y dispuestos a tejer redes. «Tenemos que hacerlo también desde la fragilidad, la coherencia y el riesgo», enumeró Damas. Subrayó la importancia de una identidad sólida, pero no rígida; una presencia significativa en aquellos espacios que no eclesiales; iniciando procesos más que ocupando espacios, y desde la comunión. También recordó que se tiene como marco de discernimiento la Doctrina Social de la Iglesia.
Visita al Convento de San Juan de la Cruz
Al término de la charla formativa, los participantes en el encuentro de Cáritas se trasladaron en tren turístico al Convento de San Juan de la Cruz, en el que falleció en 1591, por lo que este año se cumplen 435 de su muerte. Los asistentes profundizaron en la figura del santo con la visita a su museo. Posteriormente, participaron en la eucaristía, que fue presidida por el Vicario de Caridad y delegado de Cáritas, D. Juan Raya. En su homilía, utilizó algunas frases del santo carmelita que estimó oportunas para la labor de los agentes de Cáritas. La primera de ellas fue «Donde no hay amor, pon tu amor y sacarás amor», que llama a no quedarse de brazos cruzados y a ser proactivo. «Esa frase nos hable un principio tan importante en nosotros como el poder transformador del amor y de la fe. No te quedes mirando. Poniendo primero lo tuyo, tu esfuerzo, tu tiempo, tu dedicación», afirmó.
La segunda frase que escogió fue la conocida «En el atardecer de la vida me examinarán del amor». «¿Cómo entregaste tu vida, tu generosidad, al servicio de los demás, al servicio de los humildes? Debe ser un horizonte para nuestra vida y nuestro compromiso», argumento el delegado de Cáritas.
La última frase que compartió fue «El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa». «Nos habla de constancia de nuevo, de esa gratuidad del alma, de nuestro compromiso y de que no podemos caer en el desaliento. Por mucha decepción que encontremos, no debemos caer en el desaliento», apostilló. Por todo ello, pidió la intercesión de San Juan de la Cruz en la tarea de ayudar y acompañar a las personas que se realiza desde Cáritas.
Al término de la eucaristía, los asistentes regresaron de nuevo a la Casa de la Iglesia para participar en un almuerzo de convivencia, que supuso la clausura de la jornada de inauguración del curso.



